domingo, 14 de mayo de 2017

Lentitud a todos por igual: Lázaro, Epulón y la justicia desigual

James Tissot (1836-1902): Der arme Lazarus an der Tür des Reichen
El pobre Lázaro a la puerto del rico (J. Tissot)
No parece ser un principio jurídico en especial, pero parece ser el criterio utilizado en la Sala de lo Constitucional a propósito del caso SITRAMSS. O por lo menos a una persona le pareció un principio de justicia. A mí me parece una insensatez que ni siquiera aspira a una realidad reglada por un desigual “a cada uno lo suyo” donde lo desigual tiene su asidero en las capacidades económicas, presentando una igualitarismo mal comprendido. Es correcto, debemos aspirar a un igualitarismo como el que se expresa en el “todos somos iguales ante la ley”. Esto significa que no deberían aplicarse desventajas para algunos. El problema es ¿qué hago con las ventajas existe con los que algunos gozan? Cuando hay ventajas que algunos (minoría, élite) gozan (velocidad, salud y educación de calidad) y logro que una mayoría importante (usuarios SITRAMSS) obtenga cierta ventaja que alivie un padecimiento específico (transporte indigno e indignante), eso es justo porque equiparo ventajas competitivas. Cuando quito esa “ventaja” bajo el argumento choricero que busco igualdad, es un tremenda postura ideologizada  porque para ello debería quitar la ventaja (Epulones y compañía) a quienes la gozan históricamente.
Hablando de Epulón, veamos cómo nos sale la comparación. Lázaro está todos los días esperando que caigan las migajas de la mesa de Epulón. Un día consigue una bolsa pequeña que le permite guardar migajas para cuando hay días que caen y puede disponer para otros días en que no cae nada. Otros mendigos presente (claro, cómo va a ser que sólo Lázaro estaba ahí… en los comedores de Mamá Margarita siempre la fila es larga) ven aquello una buena idea y se proponen a la primera oportunidad también conseguirse una bolsa. Sin embargo, llegan los funcionarios (maestros) de la ley y decomisan a Lázaro la bolsa bajo el argumento que aquello le concede una ventaja sobre sus miserables colegas. “Es justo que todos mendiguen igualitariamente. Que sufran la pobreza y el empobrecimiento por igual”. El funcionario (maestro) de la ley no se da cuenta (o cierra deliberadamente los ojos) que el problema de la justicia, ventajas o desventajas, no está en la bolsa de Lázaro, sino en la mesa de Epulón.
Esta semana, Leonardo Boff ha abordado el asunto de declaración de ilegalidad de la pobreza (). La Declaración de Rosario, dice Boff, “viene a reforzar este movimiento presionando a los organismos mundiales de la ONU para declarar efectivamente el hambre como ilegal”. Se trata pues de visualizar que no es que “todos pasen hambre por igual”, sino pensar en las desigualdades como producto de un sistema de exclusión que concede y celebra ventajas jugosas para algunas. San Jerónimo escribió “todas las riquezas proceden de la iniquidad… ciertísimo el proverbio que dice: todo rico es inicuo o heredero de un inicuo”… “inicuo” es una palabra elegante para decir injusto, malvado y contrario a la equidad (según el Diccionario de la Real Academia).

Cuidado pues con las declaraciones de equidad, diferencias, ventajas…no son las desventajas que deben socializarse, sino las ventajas. Si no, no superaremos la ética neoliberal común que socializa las pérdidas, pero privatiza las ganancias. Y los preclaros juristas y políticos harían bien en abandonar privilegios… podrían comenzar con un goce igualitario del precario acceso a la salud renunciando a los seguros privados de salud….